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Cuando los hombres se reúnen y hablan de mujeres, suelen evitar el tema de los sentimientos o de su sexualidad. El patriarcado del que estamos saliendo obligó a borrar su energía femenina, el lado donde se encontraban sus sentimientos y emociones, exigiéndole entrar en una carrera de dureza, agresividad y competitividad.
En la conquista de la mujer lo importante para ellos debía ser el tener dinero y un buen coche para impresionarlas, músculos para aparentar ser fuerte y protector, un pene enorme representativo de seis horas seguidas de sexo y, por su puesto, la suficiente insensibilidad como para despedirse a media noche sin nostalgia alguna.
Pero el hombre moderno ha salido a la calle se ha encontrado con la mujer actual. Las mujeres que van saliendo de la sombra, están poniendo en pié de guardia al género masculino, porque son independientes económicamente, se están volviendo exigentes sexualmente y ya no se conforman con un rato de mete-saca y fingir un orgasmo por aburrimiento.
Entonces, el hombre desconcertado porque lo aprendido ya no le sirve, intenta reeducarse pero, inevitablemente, siempre pensando en su satisfacción personal y toma el porno como referencia, como si lo que ocurre en esas películas fuera la vida real.
Señores, el porno, como la mayoría del cine es fantasía, y debéis entender que a las mujeres no les hace disfrutar tener un pene en el fondo de su boca obstruyendo su garganta. ¿Vosotros sentís placer cuando tenéis una arcada? Ellas tampoco. Ni les gusta que eyaculen en su cara, eso es vejatorio. Ni que las penetren si la debida estimulación y lubricación; es doloroso. El ano de ellas es igual que el vuestro, aquí no hay diferencias biológicas, así que cuando vayáis a penetrarlo sin haberlo estimulado, sentid como si fuera el vuestro…..
En un punto intermedio está el hombre más tradicional, su sexualidad se limita a una rápida penetración, para empezar una veloz carrera hacia el orgasmo. Y cuando llegan ¡ todo se acaba!. Con este tipo de sexo, el deseo se acabará en cuanto se ha hecho el amor de las mismas formas unas cuantas veces.
Dentro de los intermedios están los que intentan innovar un poco, limitándose a unos rápidos golpes de pelvis, la clásica felación para que él eyacule pronto. Se intenta la penetración anal, pero como ahí se necesita un poco más de trabajo, de tiempo, y su ansia no lo permite, acaba intentando penetrar a su pareja a la que, claro, hace daño y entonces dice que a ella no le gusta o que no es “moderna” ……….
Y en el otro lado de la moneda está el hombre que cree que la mujer siempre va en busca del príncipe azul y entonces piensa que si adopta una actitud “romántica” incluyendo “los preliminares”, conseguirá su propósito.
Pero la mujer también puede sentir rechazo si siente que las caricias son mecánicas, si perciben cierta prisa por erotizarlas y acelerar así el momento de la penetración. Esta sensación les hará pensar que él sólo quiere estimularlas en busca de su propio placer. A una mujer no le gusta ser tratada como una más, como si todas fuesen iguales y respondieran a los mismos estímulos.
No hay quien nos entienda, ¿verdad?. Pues es muy simple.
Es cierto que a muchas les cuesta comunicarse en este aspecto y es algo que tienen que aprender, pero es que llevamos muchos años de represión y todo no se consigue de la noche a la mañana.
La mujer debe aprender a comunicar para que el hombre entienda que lo que busca, es un sexo más sensualizado, más erotizado. Da igual si es para una noche, un mes, un año o toda la vida.
Ya he dicho que no se puede adoptar una actitud sumisa en el sexo. Lo primero y más importante, es tomar conciencia del poder seductor que ejerce sobre el hombre, no puede ser pasiva, es imprescindible tomar siempre la iniciativa para tener el control.
Debe enseñar al hombre en el arte del sexo erótico, debe hablar de sexo de manera natural, de erotismo, de seducción; establecer una comunicación corporal, reservar unas horas o todo un fin de semana para darle un festín a todos los sentidos; el gusto, el olfato, el tacto etc, todos deben intervenir para conseguir esa excitación contenida y en aumento, que hará de cada acto sexual-sensual, una experiencia inolvidable.
Los hombres deben saber que a la mujer le gusta el sexo y lo busca, para eso no necesita al príncipe azul; pero es imprescindible y absolutamente necesario que ella se sienta deseada.
Si ella percibe que su pareja está disfrutando ofreciendo placer, recreándose en los juegos eróticos, dejando que todo fluya de manera natural, sin tener un guión de pautas a seguir, haciendo que se despierten todos los sentidos y deponiendo la estimulación sexual más obvia para el final; además que el placer final será absolutamente sorprendente, ella le va a considerar el mejor de los amantes.